Cada vez que uno se sienta a escribir, es porque no tiene otra cosa más que hacer, el dejar testimonio de una idea, de un pensamiento o de una ocurrencia, con espejos en la realidad o no, es primera necesidad, pero a veces se va desgastando con el escrito mismo. ¿Cómo hacer para mantener la chispa de un escrito que nos ha cansado a nosotros mismos? La clae está en culpar a los demás, encontrar culpables y perseguirlos, perseguirse a sí mismo es siempre desastroso, o termina en una persecución muy tímida o en un suicidio demasiado jactancioso. Los suicidios que valen la pena son oscuros y obsoletos, inútiles, impresentables, completamente incomprensibles... Pero no estamos hablando de muertos, ni de vivos, sólo de lo que pasa cuando no está pasando nada.Perseguirse hacia atrás está bien, uno nunca se alcanza, pero se aprende mucho siguiendo pistas de un yo desaparecido, sobre todo si aquél que fuimos nos ha intentado borrar las huellas de su culpabilidad en todo aquello que no es pero está.
Recuerdo cada vez que me sentí avergonzado y que supe que podía haber actuado distinto, siempre fue más fácil cuando podía culpar a la gente. Los perdoné. A tal grado que ahora ya no recuerdo ningún culpable, nadie a quién odiar.