Una ciudad cualquiera, un transporte colectivo de esos que hay en las ciudades, y muchachos que me llaman la atención: cabello corto y ojeras.
A dos asientos, uno. Frente a mí, dos. Frente a mí, también, una güerita que, a mi parecer, se vestía y se peinaba casi igual que mi amiga N, a la que ya no veo desde que se fue a vivir a N[ochistlán].
Casi me sentí "entre la banda", mientras escuchaba chismosamente a los dos de enfrente. Que si el transporte, que si el ex gobernador ratero que padecemos.
El de dos asientos a mi derecha, mientras tanto, contemplaba su disquito nuevo: Jason Mraz. (Nunca oí hablar ni me topé en la red con ningún Jason Mraz, gran apellido).
Luego veo a los demás. Una adolescente bonita le pregunta a su mamá: "¿Nos vamos a bajar después de que el trolebús cruce la avenida, o antes?". Su madre, demacrada y con poca paciencia, le contesta: "¡Es que no entiendo tu pregunta!". Cuando la mujercita se la repite exactamente igual, las dos bajan, antes de cruzar la avenida. La mamá va a seguir con su "¡no te entiendo!", aunque ya no sea necesario, y escucho que la casi no-niña se responde quedito: "¡Ah...!"
Entonces es casi mi turno de bajar, y no entiendo cómo, si 15 minutos fueron suficientes para crear cierto lazo entre los demás y yo, tal vez ésta sea gente a la que no volveré a ver. No conoceré sus nombres ni su porvenir. Y tuve entonces una certeza: nunca nos conoceremos.
Pero tuve otra, casi al mismo tiempo: nos hemos conocido desde siempre.
Mostrando entradas con la etiqueta Multitudes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Multitudes. Mostrar todas las entradas
lunes, 26 de enero de 2009
Era un día cualquiera...
Publicado por
isis
en
lunes, enero 26, 2009
4
comentarios
Etiquetas: Multitudes
Suscribirse a:
Entradas (Atom)